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Cuentan que Ivan Weston Fitzwater dijo esto de una clase en la que estaban posibles futuros presidentes de los Estados Unidos, sin embargo me parece fundante de todo pensamiento pedagógico, de acompañamiento, de sostén de cualquier proyecto de enseñanza aprendizaje.

Confiar en el potencial de quien aprende, se entrena, intenta lograr, es clave a la hora de brindarle las mejores herramientas, desafiarlo  a que sea fiel a sí mismo, invocar en él las actitudes más habilitantes.

También para ayudarlo a la construcción de su autogestión y autonomía de pensamiento, facilitarle el desarrollo del espiritu crítico y dejarlo instalarse con  comodidad en las preguntas.

No serle un cómplice de la postergación y la generación de excusas, ni intentar manipularlo para que haga lo que se piensa es mejor para él, sino facilitarle la conciencia de sí como base de las elecciones,  el esfuerzo como piedra angular del logro y el reconocimiento del fracaso o del error como espacios enriquecedores de aprendizaje.

Asimismo, proveerle escalones para desarrollar su emprendedorismo, evaluarlo sin condescendencia ni interés, y dejarlo volar sabiendo que tiene un nido al que volver.

Ser el maestro de la clase en la que está el futuro del mundo es una maravillosa invitación a ser hoy un constructor de lo impensado.

Es un convite al encuentro genuino con quienes llegaron para enseñarnos al tiempo que nos piden aprender.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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