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Henry Ford explica con esta frase la necesidad de validar lo nuevo que uno puede proponer a otros, considerando que , desde su lugar, los demás pueden solamente estar viendo parte de la situación.

Es adecuado considerar  que el cliente (o el otro) sabe, tiene la razón, o se guía por su propia necesidad, sin embargo no hay que olvidar que las innovaciones llegan desde el afuera de la zona de comodidad, desde lo desconocido, desde lo impensado.

Proponer desde lo que se ve distinto ayuda a los demás a ampliar su mirada, a conocer otras perspectivas, a preguntarse “¿y si?”. Alienta crear nuevos espacios de pensamiento, abrir puertas que no se veían antes, generar preguntas que aun no tienen respuestas.

Claro que para ofrecer a los demás lo nuevo hay que manejar la propia incertidumbre, mostrar mientras uno mismo va reconociendo lo que ve, animarse a no estar tan seguro pero sí confiado en la intención que se tiene.

También fundamentar la propuesta en hechos y no en presupuestos, comunicar congruente y claramente, invitar a los otros a involucrarse sin desvalorizar su manera de ver, ser auténtico y directo. 

Ayudar a los demás a dar saltos de innovación es apasionante.

Requiere apoyar bien los pies en la tierra para impulsar el saltar y comprometerse uno mismo en el acompañamiento de ese salto.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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