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Sin establecer finalidades se complica la organización, se difumina la pertinencia y se aletarga el logro de resultados , como resume Jordi Collell en la frase de hoy. 

Ya sea que se trate de un proyecto, una reunión de trabajo, un plan de realización o cualquier tarea que involucre a varios, si no se indica con claridad el objetivo, se pierde el hilo conductor, se habilita la participación intempestiva y se alteran el hacer, la interacción y la comunicación.

Una meta , por más simple que sea, organiza, da pautas , facilita el sostener la intencionalidad y hace que todos se alineen tras un propósito.

Hace las veces de boya para ordenar navegaciones y   coordinar participaciones,  sirve para comunicar de manera rápida y eficaz, y habilita medir avances.

Proponerse definir la finalidad, el objetivo,  el propósito de lo que se hace o se tiene que lograr es encuadrar y marcar la cancha para que el juego sea más coordinado, útil y disfrutable.

Y para que el hacer cree resultados.

¡Hasta la próxima!

Andrea

 

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