saramagocapacesdeaprender

Interesante y profundo planteo de José Saramago en esta frase compartida en Facebook por Carmen Montilla.

Aun cuando se intente no hacer a los demás lo que no se quiere que le hagan a uno, preguntarse si uno aprendería lo mismo que enseña a chicos o a grandes implica revisar las propias motivaciones, elegir desde otro lugar los contenidos y hacerse responsable de formular excelente ofertas.

Repetir fórmulas que no convencen, hacer por costumbre o porque otros hacen, dejarse llevar por modas o creencias como la de ” los chicos de hoy no tienen interés”, “los adolescentes no salen de su celular” o  “los empleados no se comprometen”, aplicar lo mínimo que piden y hacer como que no se ve, son prácticas que no sólo nivelan para abajo sino  obturan oportunidades para todos.

Utilizar  el acceso a la información o los entrenamientos como premio o castigo, replicar lo que sirvió a unos sin mirar cómo son los nuevos grupos, armar programas de capacitación descolgados de las necesidades, es desaprovechar el impacto de propuestas adecuadas, obviar la realidad  y perder posibilidades ciertas de crecimiento, evolución y disfrute.

Trabajar  la diversidad, enlazar los contenidos a los emergentes, instalar el aprendizaje como modo constante, ampliar la mirada, trabajar sobre uno mismo para poder acompañar los cambios de los otros, no etiquetar ni asumir, son formas simples de capitalizar los espacios y recursos, considerar a los interlocutores y construir lo que se busca desde encuentros genuinos y posibilitantes.

Preguntarse si aprendería lo que enseño es extrapolable a otras actividades.

Y es la forma de vivir lo que se hace desde el protagonismo.

¡Hasta la próxima!

Andrea 

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