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Oir el latido del propio corazón habilita, como declara Raymond Carver en esta frase de su libro “De qué hablamos cuando hablamos de amor” la empatía, la comprensión, la compasión, el encuentro.

Porque es desde el propio sentir que podemos reconocer lo que los demás sienten. Desde los agujeros personales que se conduele. Desde las experiencias aquilatadas en aprendizaje que se acompaña adecuadamente.

Se resuena desde el reconocimiento de los propios sonidos.

Trabajar desde la honestidad y la fidelidad a uno mismo para develar sentimientos y emociones, comprender reacciones, descubrir patrones de comportamiento es distinguir el propio estar siendo y poder elegir cómo expresarlo.

Cuando se tiene claridad sobre uno mismo, se abre sin trabas la capacidad de encuentro neutro con los otros, se habilita el contacto empático, se acompaña sin crear deudas.

Ese conocer y validar el latir personal, entonces,  tiene que ser el motivo de la pregunta habilitante, la escucha comprometida, el intentar entender entes de acordar, para facilitar que los demás aparezcan y no pintarlos con el propio sentir y definirlos desde la propia experiencia.

Y así, corazón a corazón, es la manera más maravillosa de encontrarse.

¡Hasta la próxima!

Andrea

 

La imagen pertenece a dreamstime

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