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Mariana Finochietto, maga de la expresión poética de la cotidianeidad, trae en este fragmento de su poema la invitación a celebrar los rituales necesarios para ingresar al modo sugerido y quedarse para hacer,  abrir posibilidades y lograr resultados.

Solemos acercarnos a espacios sin tiempo para involucrarnos, apresurados por dejar la impronta, persiguiendo un objetivo que no compartimos, confiados en que sabemos más, podemos decir qué hacer o seremos los salvadores del momento.

Corremos el peligro de colonizar, de ser rechazados en el afán y necesariedad de supervivencia de los colonizados, de borronear o dificultar la tarea que se hace, de ser malinterpretados y de malinterpretar.

También nos acercamos con la intención de no hacer olas, de que no se den cuenta, de ver qué pasa y después…, dejándonos llevar por la marea de moda, como por casualidad, sin mostrar las cartas.

Y así podemos de quedar demasiado afuera, sin hacer mucho mal pero sin hacer bien, sofocando las propias ganas, creatividad o compromiso e inhibiendo a los otros de aprovecharlas, disfrutar o construir conjuntamente en interacción. 

En ambos casos perdemos posibilidades de  escucha, de validación y respeto por los modos, de planteo claro de lo que se viene a buscar para encontrar una bienvenida acorde, de invitar a jugar a los demás.

Golpear las manos es hacer conocer que uno llega y que quiere entrar. 

Implica reconocerse en la fidelidad a uno mismo, dejar clara la intención, y presentarse para que los demás definan si se pasa o no.

Sirve para una casa, un grupo, una empresa, una asociación y para toda relación.

¡Hasta la próxima!

Andrea

 

 

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