laspreguntasque nos hacemos

Si, como propone Julio Olalla, se evaluara por las preguntas que podemos hacernos, se descubriría no sólo lo que sabemos sino la mirada que sostenemos, la capacidad de autoconocernos, la habilitación a indagar y cuestionar, en definitiva, la forma en que nos contectamos con el mundo y las posibilidades.

Las preguntas son poderosas aunque no tegan respuestas claras o definitivas, ya que abren espacios nuevos de pensamiento,  habilitan revisiones, invocan recursos y sostienen el protagonismo ante las  situaciones.

Preguntarse es reconocerse en el propio estar siendo, validar la autoconstrucción,  hacerse cargo de trabajar sobre uno mismo y considerarse un trabajo en proceso.

Aunque es un hábito saludable, hay que instalarlo y sostenerlo.

Cuando se teme preguntar, se quiere interrogar de una única manera adecuada, se busca desafiar las respuestas que ya se saben, se interpela de la misma forma y sobre los mismos temas, se pierde la oportunidad de abrir.

En procesos de enseñanza y aprendizaje, de guía y acompañamiento, de liderazgo, no alcanza con habilitar a los otros a que hagan preguntan.

Más importante es hacer de las preguntas un modo constante, no buscar certezas sino construcciones de significados, instalar los ¿Qué? ¿Cómo? y ¿Para qué? antes que los ¿Por qué? y disfrutar la incertidumbre creativa de no tener respuestas.

Son las preguntas que nos hacemos las que nos guían, no las respuestas que ya tenemos.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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