Bow-tie-jpg

Willliam Makepeace Tackeray nos hace pensar al buen humor como un traje a vestir, dando cuenta de la posibilidad de elegirlo, usarlo y disfrutarlo en cada ocasión.

Esta mirada diferente de la creencia de que se tiene o no se tiene buen humor, habilita desarrollarlo desde la percepción de situaciones, la elección de actitudes, la selección de respuestas y la disposición a asombrarse, gozar, y reirse.

Claro que ayudarán el optimismo, la alegría de vivir, la libertad de ser uno mismo, la distancia óptima con los juicios de los demás, el sentirse bien en interacción con otros. 

Sin embargo, va a tener mucho que ver la decisión de mirar el vaso lleno, de capitalizar los aprendizajes que dan todas las situaciones, de no suponer mal y preguntar e indagar, de dar el lugar que tiene que tener el pasado y enfocarse en las posibilidades del ahora.

Pensar que el buen humor es un traje a ponerse para sentirse bien ayudará a buscarlo como impronta de participación, reconocer qué lo sostiene y amplía, generar los encuentros que lo fomentan y hacerlo parte de la propia caja de herramientas.

Y usarlo, hasta que quede tan cómodo como la misma piel.

¡Hasta la próxima!

Andrea

Anuncios