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Si lo que no se comparte se pierde ¿adónde van las ideas brillantes que nunca se cuentan, los poemas que se escriben pero no se muestran, los proyectos que no se comunican para que no los roben, las posibilidades de ayuda que no llegan?

Porque sí se sabe que aquello que se da, se brinda, se pone a disposición, entra en el círculo virtuoso del compartir y toma fuerza, desarrolla alas, muta en nuevas variaciones y se expande.

El amor, el conocimiento, la sabiduría son fácilmente reconocibles en esta suerte de multiplicación generosa.

Sin embargo, el miedo a perder o a ser rechazado, la interpretación de que el mundo es escaso para todos, la búsqueda de la perfección perfecta y otras miradas inhabilitantes, abortan posibilidades, cortan oportunidades y los ovillos queda encerrados en sí mismos perdiendo su potencial de grandeza.

Lo que se comparte  pasa a ser de todos.

Y aunque dé vertigo pensar en la expansión, es mucho más saludable que marearse mirándose el ombligo.

¡Hasta la próxima!

Andrea

 

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