vulnerabilidad

Nadie está obligado a contar sus historias personales.

Y  muchas personas viven con temor de mostrarse vulnerables, de ofrecer sus flancos débiles, de parecer inadecuadas.

Sin embargo, compartir lo que angustia, lo que se necesita, lo que no se puede hacer,  es empezar a encontrar formas de solucionar, resignificar , soltar.

Harriet Lerner propone en esta frase, trabajar el compartir de material delicado desde dos aspectos que se articulan: el considerar el tiempo necesario a la persona a quien se va a confiar la historia, y el valorar la propia seguridad y comodidad con la expresión del tema.

Reconocer si quien va a escuchar, compartir y hasta apropiarse de esa historia lo merece, es buscar al interlocutor, habilitándose a elegir, decidir y comunicar congruentemente. 

Preguntar, indagar, obtener información antes de relacionarse en una comunicación tan íntima con alguien.

No sentirse obligado a contar a quien no despierta confianza,sino elegir hacerlo a quien asegura la confidencialidad, no juzga y acompaña desde un lugar de apertura y empatía.

Y al mismo tiempo, al desarrollar esa búsqueda, decidir qué es lo que se va a compartir y cómo, en función de sentirse cómodo, seguro y de asegurarse de hacer llegar al otro lo que se quiere hacer llegar.

Los trabajos de acompañamiento, guía, ayuda, requieren encuentros genuinos y enriquecedores. Las dos partes son responsables de lograr esto.

Trabajar la propia vulnerabilidad desde el protagonismo, validando las propias elecciones, buscando conexiones que sostengan y  decidiendo que hacer, es honrar la propia historia y capitalizar lo que trajo para enseñarnos.

¡Hasta la próxima!

Andrea

La bella imagen de la mariposa es de istockphoto.

Anuncios