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Reconocerse, como propone Aldo Tonelli, el faro de alguien en medio de su tempestad, es validarse como oferta y disponerse auténticamente a ayudar.

También abre la posibilidad de generar espacios para  ampliar la autogestión, la libertad de elección y la capacidad de decisión de aquellos que se fijan en uno como ejemplo, como catalizador de cambios y como iluminador de caminos.

La misión de un faro es dar luz suficiente para que los navegantes puedan evitar los escollos y las rocas en su aproximación a la costa. También, alternan su luz en intervalos y haces de colores  de forma que reconozcan frente a qué punto de la ribera se encuentran. Algunos faros  están equipados con sirenas, para emitir sonidos en días de niebla densa, cuando el haz luminoso no es efectivo.

Asi, las personas-faro, aunque iluminen por su propia luz el andar de otros, deben evitar decir lo que los demás tienen que hacer, manipularlos para que decidan una cosa antes que otra o cansarlos con recomendaciones agoreras acerca de sus movimientos y acciones.

Ponerse en posición de ayudar implica el reconocimiento de las posibilidades del otro, la validación de sus intereses y búsquedas y la aceptación de sus decisiones.

Desde ahi la complementación será encuadrada claramente, la comunicación congruente y directa y el hacer conjunto fácil y enriquecedor.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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