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Es que el oir es la base biológica de una de las habilidades más maravillosas que se pueden desarrollar: la escucha.

El escuchar se estructura sumando la propia interpretación al oir.

Y es importante tener en cuenta esto porque ahi radican las diferencias, se instala la posibilidad de construcción de significados, se valida lo propio y lo ajeno.

Se conoce qué hacer y qué no hacer, se descubre qué necesitan los demás, se habilita el acuerdo o el desacuerdo, se advierte lo posible, se disfruta.

Trabajar sobre los propios pensamientos para que no obturen la percepción, reconocer que se tiene una mirada, abrirse a validar y tratar de entender lo que llega desde el otro, será instalar la escucha como puente.

También capitalizarla como modo de encuentro, de validación de interlocutores, de canalizador de aprendizajes y generador de conocimientos.

Y honrar el oir, desde el sostén de una escucha generosa y abierta.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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