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Esta invitación a callar para poder oír,  que Ursula K Le Guin plantea, es la base de un escuchar comprometido, y también de la comprensión, el entendimiento y el disfrute de lo que se recibe.

Callar intencionalmente es abrir posibilidades a la percepción, al mismo tiempo que se habilita al otro a expresarse.

Elegir no hablar, es también elegir no volcar la propia opinión, no competir con los argumentos del otro, no poner las propias palabras en lo que se está compartiendo.

Callar es ofrecer y reservar otro tiempo para estas acciones.

Es, asimismo, crear un contexto habilitante, de respeto del interlocutor como válido, de usar el propio silencio como continente enriquecedor.

Implica también callar la conversación interna, tener trabajada la “columna izquierda” y disponerse actitudinalmente y corporalmente para escuchar.

Posibilita el escuchar, y también el deleitarse con la musicalidad de las voces, la magia de los saberes, la practicidad de las órdenes, el impacto de los contenidos, el encuentro genuino con los demás.

Callar  es dar. Y darse.

¡Hasta pronto!

Andrea

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