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Tal como dice Lily Tomlin, el perdón adquiere su dimensión más amplia cuando quien perdona suelta la deuda que cree la vida tiene con él.

Resentir, sufrir y quejarse porque algo no fue como se esperaba o como ahora cree que tendría que haber sido son obstáculos para lograr un perdón real.

Y aunque parezca que perdonar es un regalo para los otros, lleva consigo también la liberación propia. 

Abandonar la necesidad de cambiar lo que ya fue no sólo es reconocer la imposibilidad de modificar el pasado,  sino también implica la resignificación de lo sucedido.

Tan tremendo, hermoso, abarcativo, simple o impactante que haya sido lo que pasó, ya fue.

Y es el perdón la llave para soltarlo, dejarlo allí, en el pasado y no darle posibilidad de impregnar con su aroma de cenizas el presente.

La vida vivida hace que estemos siendo lo que somos. Sin embargo, no lo determina.

Perdonar lo que ya fue es una saludable manera de conectarse con el hoy.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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