tropezar no es malo

Pero ¿Cómo podría uno encariñarse con una piedra con la que tropezó? De muchas formas.

Si se la toma como excusa, y se deja de elegir, decidir y hacer como consecuencia de esa dificultad que se presentó en el camino.

Cuando se decide mirar, observar, conocer, descubrir su porqué y construir supuestos sobre la piedra, olvidando el objetivo que hacia que se caminase.

Al incorporarla a la mochila, creer que hay que cargar con ella eternamente, considerar que por algo se presentó y que es responsabilidad de uno sostenerla.

Cualquiera de estos mecanismos llevan a torcer el rumbo, frenarse, o perder fuerzas e ímpetu.

Tomar los tropiezos como espacio de aprendizaje, reciclar procederes y cambiar modos, y darle el lugar y participación a la dificultad que realmente tiene que tener son habilidades de liderazgo.

No sólo facilitan el disfrute y el entusiasmo al caminar, sino que aseguran no tropezar con la misma piedra.

¡Hasta la próxima!

Andrea

Anuncios