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Involucrar los pensamientos, la energía y el tiempo en compararse con otros es, como dice en esta frase Theodore Roosevelt , perder la posibilidad de disfrute y también la tranquilidad y la seguridad.

Todos tenemos mas y menos, y rara vez coinciden con los de los demás, modos y maneras de hacer son diferentes, búsquedas y objetivos suelen diferir, e hipotecar el bien hacer por estar mirando permanentemente lo que hacen, logran o pueden los otros aparta del propio crecimiento y no da datos fidedignos de evaluación. 

Soltar a los demás implica poder enfocarse en el propio camino, atenerse a los propios resultados, evaluar el caminar personal y competir con uno mismo.

No  dejará de necesitar concentración y esfuerzo, pero proveerá seguridad, facilitará el avanzar e implicará medir adecuadamente el desempeño.

Y aunque parezca que la fila de al lado se mueve más rápido en la carretera, que la rosa china de la vecina aprovecha mejor el sol, que el compañero de trabajo está mejor ubicado frente al supervisor, compararse no es la forma de relacionarse con los logros ajenos. 

La pregunta directa, el pedido de ayuda, el reconocimiento de recursos, la mirada de aprendizaje, son modos más productivos y validantes, que facilitarán el acceso a información valiosa posicionando  a quien indaga desde el protagonismo y la búsqueda de crecimiento.

Compararse quita la felicidad  y complica el bien verse.

No compararse  es vivir en libertad.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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