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Este pedido tan romántico que hace Julio Cortázar en Rayuela, es el secreto para las relaciones enriquecedoras, los acuerdos, los encuentros auténticos y el desarrollo de la empatía. 

Conocer , fundamentalmente, y después entender, comprender , interpretar bien lo que otros perciben es tener acceso a una información vital para interactuar adecuadamente. 

Para ver como ven los demás, hay que pedirles que nos guien, nos ayuden, nos dejen entrar. Si no lo hacemos, nos quedaremos con las suposiciones, las invenciones, las construcciones propias de lo que los otros ven, sienten o piensan. Se suele completar la información que no se tiene, con prejuicios, rumores, juicios propios y ajenos, y aunque esos datos parezcan fidedignos siempre serán coloreados por la interpretación del intermediario, ya que la lejanía con la fuente abre posibilidades a los agregados, los cambios, los cortes y los aumentos.

Es cada uno de los demás el que tiene la información sobre sí mismo, y es a partir de la escucha comprometida, de crear contextos de comunicación directa, de declarar no sé y empezar a preguntar para entender, que se protagonizará la validación del otro como interlocutor y se sentarán las bases de una genuina conversación. 

Siempre es mejor pedir que te dejen entrar que tirar abajo la puerta.

Cuando no se pregunta y se supone, cuando se inventa desde lo que parece, cuando se lee lo que el otro muestra sin mostrar intencionalmente, se irrumpe.

Y se pierde la posibilidad de encontrarse a la distancia óptima y de disfrutar el intercambio .

¡Hasta la próxima!

Andrea

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