miedosycorajes

 Clarice Lispector se adueña con este reconocimiento de algo que nos pasa a casi todos.

La alternancia entre tener miedo y animarse o tener el coraje, fluctua de acuerdo a las situaciones,  eventos y encuentros y también,  fundamentalmente, de acuerdo con las actitudes, las decisiones y lo que nos decimos a nosotros mismos.

Vistos por otros, los temores y las valentías deberían estar en equilibrio y ser de lógica complementación, pero al vivirlos, se descubre que no necesariamente  se relacionan entre si sino que son independientes .

Se instalan como reaccciones a estímulos (nos atemorizan los ruidos que no podemos interpretar y nos da valor la sonrisa de la persona a la que queremos). Los hay bobos y también absurdos, como dice Lispector, y verlos asi habilita descubrirlos desde otra mirada.

Se desarrollan a partir de las conversaciones internas y los discursos que sostenemos sobre lo que nos pasa ( “me da miedo este cambio que proponen en la empresa”, “¿cómo no me voy a animar a desarrollar ese proyecto.”)

Y tienen que ver con la información que se posee o con la que se desconoce.

Entonces, dependen, en gran medida, de lo que se decida hacer, decir, buscar, reconocer. 

Protagonizar el propio estar siendo , hacerse cargo de responder en lugar de reaccionar, llevar los recursos personales que uno utiliza con naturalidad en un ámbito a otros en los que resultan necesarios será dar justa medida a lo que causa temor.

Reconocer las propias capacidades, estar dispuesto a ponerlas en práctica, a aprender lo que aun no se sabe, habilitarse para pedir ayuda, harán más disponible el animarse. 

Hacerlos propios, descubrir que es lo que los gatilla, e incorporarlos en las respuestas conscientes que se dan, será adoptarlos como recursos.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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