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Esta conexión habilitante que plantea Matthieu Ricard entre el pensar y el hacer, hace ineludible trabajar sobre los propios pensamientos para establecer acciones congruentes y eficaces.

Muchas veces lo que se piensa inmoviliza, obtura procederes, complica la relación con lo que se hace y trae sufrimientos , inseguridad y estrés.

La baja estima, la búsqueda del perfeccionismo, las “etiquetas” que se asumen como propias (“soy torpe”, “a mi me toca lo peor”, “soy distraído), el enfocarse en lo que no es como se querría, crean pensamientos que no acompañan sino que transforman a las acciones en eventos contraproducentes.

Reconocer lo que se piensa antes de hacer es habilitar la generación de pensamientos positivos, energizantes, ayudadores.

Y cuando la propia mirada esta demasiado acostumbrada a ver lo negativo, jugar a pensar diferente, o trabajar el hacer en contra del pensamiento ayudarán a ir instalando hábitos diferentes.

Bajar los pensamientos a papel de forma de verlos claros, y comenzar a descubrir cuáles son los que acompañan el hacer en determinadas ocasiones, facilitará el reconocer la relación que existe entre lo que se logra y lo que se piensa.

Cambiar el término pensar de la “ecuación”, será alterar positiva y cualitativamente la capacidad de acción.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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