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Reconocer, como lo hace Clinton Kelly , que no se puede hacer todo, es una invitación clara a organizarse, a establecer prioridades , a elegir qué hacer.

Para eso, se hace necesario soltar la creencia de que solo uno puede hacer las cosas bien, y habilitar a otros para que las hagan .

Cambiar el foco en el modo e instalarlo en el resultado, evitar el microcontrol y comunicar claramente lo que se quiere ,  facilitará delegar, y  hará que los que colaboran se sientan mejor. 

Comprender que al no poder hacer todo debe seleccionarse qué hacer también ayudará a concretar los espacios de acción, a abarcar lo importante y gestionar de manera adecuada las urgencias. Analizar cuanto de lo que irrumpe puede incluirse en un plan, incorporarse en la tarea cotidiana , o tercerizarse facilitará disminuir las interrupciones, bajar el estrés y tener más tiempo.

Elegir es otro de los ineludibles. Las elecciones personales irán decantando lo que si se decide hacer. Compromisos que no convocan sino que son motorizados por otros, haceres que han perdido su interés o necesariedad, actividades a las que hay que dar importancia. 

El camino pasa, tal vez, por salir de la queja, del repetirse “no me alcanza el tiempo” , del justificar que se hace mal por hacer mucho, y comenzar a pensar lo que se hace y a hacer lo que se elige.

Aún dentro de la obligación y de la necesidad, es posible elegir para hacer mejor y disfrutar lo que se hace.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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