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Habilitarse a ser un principiante es tomar con entusiasmo y flexibilidad todos los aprendizajes que se presentan en la vida.

Es reconocer y aceptar el no saber, abrirse a conocer lo nuevo, reposicionarse ante los desafíos desconocidos y saludar con interés lo que aparece como posibilidad de crecimiento.

Implica poder dejar a un costado lo que sí se sabe, para tomarlo como herramienta y no como escudo de batalla contra los embates de los comienzos de una actividad.

Es despegarse de las etiquetas con las que uno mismo y los demás definen lo que se es. 

También dejar que el ego ocupe el lugar que le corresponde en la autoestima y no permitir que se transforme en el boicoteador de las relaciones con los objetos de conocimiento.

Y será disfrutar de la conexión con la adrenalina del descubrir, la intensidad de la práctica que enseña y fortalece las habilidades, el habilitarse a autoreconocer la posibilidad personal de aprender, desarrollar una nueva aptitud, o dar alas a una inquietud por hacer. 

Ser un principiante siempre en algún ámbito o aspecto, es la manera de mantenerse enfocado, ser conciente del propio crecimiento, y gozar del empezar a saber.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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