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No intentar cambiar a los demás es una actitud liberadora de uno mismo y de los otros.

También es una decisión sabia. Por más que se lo intente, no se puede cambiar a nadie, y cada uno cambia por elección propia y por involucrarse concientemente en un proceso de modificación de hábitos y conductas.

Sin embargo, esa luz de la que habla Isabel Subiranaque invita al prójimo a cambiar, puede iluminar a través del ejemplo, de conversaciones auténticas, de encuentros enriquecedores, del hacer comprometido.

Para lograrlo, tiene que partir de las propias elecciones y ser propuesta y no opinión o juicio sobre el hacer de otros, aportar antes que criticar, abrir antes que cerrar opciones, mostrar antes que adoctrinar.

Ser una mano extendida, una oferta de caminar juntos, una expresión genuina y personal, un trabajar para el encuentro.

Una puerta abierta a que el otro aparezca como quiera aparecer. Para validar su aparición, y  despues encontrar el camino del medio.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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