rumi

Esta invitación de Rumi a hacer de lo que amamos lo que hacemos abre, en primera instancia,  dos caminos: el de buscar la manera de realizar  lo que nos gusta, y el de  amar la tarea,  el oficio o la profesión que se desempeña.

El primero llama a reconocer lo que da placer, lo que alimenta el alma, lo que entusiasma, y transformarlo en un hacer. Darle tiempo, espacio y compromiso, de manera que se instale como posibilidad cierta.

Y aunque se crea que la segunda posibilidad es sólo para elegidos, para aquellos que supieron decidir, tuvieron suerte o son ” tan abiertos que casi podrían hacer cualquier cosa”, relacionarse bien, llegar a disfrutar  la tarea a realizar,  el hacer cotidiano, puede aprenderse.

Se puede volver bello e interesante si se hace con facilidad, si convoca e interesa, si valida y da posibilidades de crecer.

También es posible abrir “ventanitas de gusto” en cajas que parecen muy grises, que aburren, que son rutinarias. Cuidar que haya flores en los escritorios y fotos de los afectos, poner música en los ambientes de trabajo que lo habiliten, llevarse un libro para la hora del almuerzo, armar un tablero de ajedrez al lado de la fotocopiadora y que cada uno que pase haga una jugada.

El “Deja que…” de Rumi se vuelve entonces un “Haz de manera que la belleza de lo que amas sea lo que haces”.

Y si no puede serlo, no olvidemos incorporar lo que amamos en otros aspectos de la vida. Será dar aire, color, apertura a espacios diferentes a lo que se hace, y también ayudarán  a que lo se hace se haga más liviano y disfrutable.

¡Hasta la próxima!

Andrea 

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