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Esta declaración que se atribuye a William Shakespeare habla de un camino doble en la vida.

El de reconocer los propios dones, los talentos, las habilidades y luego  brindarlos, ponerlos a disposición.

Aceptar que se es capaz, que se hace con facilidad, que se desarrolla con brillantez, que es original, es validar, abrir las capacidades de usar como herramienta y de conectarse con el disfrute.

La dimensión exacta de lo que se reconoce como dotes es articularlos con el dar. Ofrecerlos en obras, proyectos, construcciones, haceres, servicios, propuestas, inventos, facilitaciones.

 Cerrar el circulo virtuoso y alimentar así desde el reconocimiento y la validación propia y de los demás, un hacer disfrutable, enriquecedor y generoso.

Compartir y crecer al mismo tiempo.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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