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Esta frase que Mariquita Sánchez de Thompson escribió en una carta enviada al  virrey Sobremonte  el 10 de julio de 1804 (cuando ella tenía 18), no solamente pone de manifiesto su actitud y audacia sino que marca el camino al protagonismo en  el respeto a los propios derechos.

Los derechos se tienen, son otorgados, sin embargo el hacerse cargo de defenderlos implica no sólo reconocerlos y validarlos sino estar decidido a mantenerlos en el candelero, a hacerlos notar a quien debe respetarlos.

Convoca a ampliar el propio hacer desde lo que esos derechos habilitan, informar con claridad los límites que marcan para la acción de los demás, mostrarlos en una comunicación congruente y habitual.

Vivirlos como derechos adquiridos, relacionarlos con la forma personal de ser, trabajar para sostenerlos  desde las respuestas y no desde las reacciones.

En otra época, hoy cumpliría 228 años, hacía falta que Mariquita escribiera y firmara esto. Aún hoy hay derechos vulnerados y necesidad de defenderlos. 

Comenzar a mostrar protagonismo en la vivencia de los propios derechos, ineludiblemente debería llevar a respetar los derechos de otros.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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