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Pedro Salinas marca, con esta frase que publicó  “De Poetas y Locos” en Facebook, una de las dificultades más grandes que se tienen a la hora de escuchar a los demás. 

El quedarse pegado a lo que el otro es, o a lo que se cree que es, y cerrar los oídos a lo que está diciendo.

Es el hijo, no tiene la madurez suficiente, lo que dice no es importante. Es el empleado, de poco compromiso, entonces lo que comenta debe alejarse del objetivo. Es la madre anciana, repetirá lo mismo. Es alguien que sabe mucho, no se entenderá lo que dice.

Los prejuicios, el conocimiento del interlocutor, la etiqueta que se le ha puesto, la valoración que se tiene , pueden obturar, limitar o impedir la escucha, dejando sin acceso a información que puede ser muy distinta de la que se supone.

Lo que se sabe, se cree, se imagina, pone velos a la propia escucha si no se aclara y reconoce, se mantiene a un costado, se espera a confirmarlo o se manifiesta como obstáculo.

Librar al otro de la etiqueta que se le ha puesto, involucrarlo al darle la oportunidad que trabaje para salvar la brecha, hacerlo parte protagonista de la interacción, es considerarlo interlocutor válido, y al mismo  tiempo, operar desde la comunicación congruente.

Un camino de encuentro  más sano, enriquecedor y habilitante.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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