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Vittorio Alfieri lo define como un don, y puede ser que haya quienes sean naturalmente hábiles en sentir y razonar al mismo tiempo.

Sin embargo, para la mayoría de las personas requiere un trabajo sobre sí mismos.

En muchísimos casos las emociones copan y el razonamiento se enmascara. Los sentimientos invaden, sacuden el cuerpo y el pensar lógicamente , el estar enfocados, cuesta mucho.

Se dice lo que no se pensaba, se grita antes de exponer argumentos claros, se llora al querer expresar lo que siente o se piensa. 

Y aunque pueda creerse que ser emocional está mal, que hay que ser frío y cerebral, es justamente lo contrario.

En el reconocimiento de lo que se experimenta, de cómo se reacciona frente a cada circuntancia, de la manera en que se viven deteminadas situaciones, interacciones o encuentros, estará la posibilidad de aprender a expresar las emociones en congruencia con lo que se piensa.

Al diseñar las conversaciones, tener claro no solo qué se quiere decir sino también para qué se elige comunicar, elegir las palabras y construir un discurso acorde a lo que se siente, se facilitará la exposición y se sostendrá la coherencia.

Sentir y razonar no son incompatibles. 

Juntos, dan colorido, claridad, amplitud y disfrute a las expresiones.

Su danza conjunta, esa que Alfieri llama un don, se conjuga desde la autoobservación, el reciclado de modos propios, la validación de lo que se siente y el perfilado del comunicador que se quiere ser.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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