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Decir que no es una declaración fundamental. Y aunque pueda costar mucho tiempo aprender a expresarla, como parece decir Gabriel García Márquez, es una herramienta de liderazgo que beneficia el hacer, el decir , el sentir y el encuentro con los demás.

Manifestar con firmeza, si necesidad de decir de mal modo ni agresivamente, una negativa, es reconocer la propia necesidad, señalar a otros los límites propios y hacer honor a lo que se quiere.

Evita malentendidos, plantea con claridad hasta donde se puede llegar y establece un escenario reconocible para iniciar conversaciones de negociación o replanteo.

¿Cómo se aprende? Haciendo consciente lo que se necesita, se quiere o se elige. Soltando el intentar controlar lo que piensen los demás y el temor a los juicios de los otros. Diseñando modos que tengan que ver con los propios valores.

También validando y respetando los no de los otros, preguntando para entender la negativa y no para socavar la elección, alentando a que los interlocutores expresen lo que realmente quieren.

Decir que no es tan o más importante que decir que sí. Ambos requieren honestidad con uno mismo y con los demás  y libertad para decir lo que se elige.

Celebremos el poder expresar lo que no queremos, porque es reconocernos.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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