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Esta hermosa frase de Khalil Gibran es un llamado a conectar lo intelectual con lo emocional, lo adulto con la niñez, lo grande con lo pequeño.

Y aun más allá, es una invitación a no compartimentar la realidad y a vivirla como  las personas completas que somos.

Aportar la emoción a los procesos intelectuales, de aprendizaje, de enseñanza, de generación de conocimientos es darles color, y facilitar la aprehension.

Abrirle las posibilidades al humor dentro del estudio de  problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la moral, el lenguaje…es quitarles el acartonamiento que los distancia, disminuir las resistencias  y hacerlos más accesibles.

Relacionar la niñez que aun late en la posibilidad de asombro, en las ganas de jugar , en la risa fácil en las interacciones, con el adulto que se es, o con el rol adulto que se desempeña, le dará flexibilidad, facilitará el acceso a los demás, quitará solemnidad a las decisiones y hará más disfrutable la realidad.

Recuperar la emoción, el humor y su disfrute y el contacto con aspectos propios es hacerse cargo de herramientas que se aprendieron hace tiempo.

Reeditarlos es, fundamentalmente, cuestión de actitud.

No perdamos la oportunidad.

¡Hasta la próxima!

Andrea 

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