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Ser voz y no eco.

Encontrar lo que se quiere decir y comunicarlo. Descubrir la propia forma de decir. Validar el comunicador que se es. Optimizar la expresión.

No repetir ni plagiar, ni llevarse opiniones de otros sin darles el crédito que les corresponde.

No enmascarar los propios pensamientos para que se solapen con los de otros.

No imitar para parecerse a otros habladores.

Reconocer los  recursos a disposición, validar lo que se puede aprender, corregir lo que no sale como tendría que hacerlo, elegir la propia forma, y sostener la autenticidad.

Evitar moldes ajenos que no sólo no serán cómodos, sino que alejarán de la manera personal.

Y trabajar para hacer escuchar la propia voz.

Despues de todo, somos cada uno de nosotros el único vocero autorizado de nosotros mismos.

¡Hasta la próxima! ¡Muy buen Domingo!

Andrea

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