detras-de-su-espalda

 

Ver a los elogios no expresados como quedarse con algo de los demás como propone Pablo Picasso  con esta frase,  es una mirada tan surrealista como posibilitante. 

¿Qué me llevo si no digo que algo me gusta, me impacta , está bien hecho? ¿Un aplauso que el otro merecía? ¿Una mirada que lo terminaba? ¿Un comentario que le daba un fin distinto?

¿El reconocimiento , porque de eso forman parte los elogios , implica completar , de alguna forma, lo que el otro se esforzó por lograr? ¿Es una  coparticipación del juicio del otro con el hacer propio?

Tratemos entonces de perfeccionar el elogio. De hacerlo real, oportuno, auténtico. Que aparezca como un moño y no como un envoltorio desprolijo.

Que se elabore a partir de una mirada comprometida, validante, comprensiva. Que no surja impulsivo y frívolo, como adulación. Ni repetido, copiado o musitado por obligación.

Que lleve contenido, que  destaque, que aliente.

Que sea una devolución respetuosa del esfuerzo del otro.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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