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Un tipo de cómplice especial, este que propone Mario Benedetti , “alguien que nos ayude a usar el corazón”.

Voluntario o sin advertirlo, este colaborador  daría la posibilidad  de conectarse con las emociones, el sentimiento, la compasión…de involucrarse, acompañar el sentir, condolerse…

Todos lo necesitamos alguna vez, según el poeta. Y más que buscarlo , hay que estar preparado, alerta, dispuesto, para recibirlo.

¿Vendrá de la mano de alguien cercano, a quien podamos dejar ser el que es para que nos enseñe a sentir, amar, o reconocer sentimientos distintos a los que deberíamos pero que nos son propios? ¿Que en su interacción nos desafíe a encontrar la manera de mostrar las emociones de manera validante y respetuosa?

¿Aparecerá en lecturas, en expresiones de la creatividad y el genio de autores que convoquen el sentir? ¿En músicas e interpretaciones que conmuevan, despierten respuestas emocionales, hagan latir a otro compás el corazón? ¿Por la magia de un pintor, ilustrador, artista? ¿Desde una película?

Abramos la puerta a este colaborador. Dejemos que su acción nos impacte. Sintamos, para reconocer el sentimiento, para descubrir y poner nombre a las emociones, para aprender a incorporarlas a la propia comunicación e interacción con otros, para manejarlas adecuadamente no importa el color o la impronta que traigan.

Usar el corazón nos hará más humanos. Celebremos la ayuda y aprovechémosla.

¡Hasta la próxima!

Andrea

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