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Elvira Laruelo resume en esta frase de su poema, que acompañó con la Imagen de Duong Quoc Dinh,  la esencia del aprendizaje experiencial.

Volar, dar un paso, hacer algo, habilita reconocer lo hecho, validar lo logrado, incorporar lo aprendido y consolidar el propio valor.

Así, de a pequeños haceres, de a chispazos de valor, se va construyendo la seguridad, la confianza en lo que se puede, la habilitación a hacer.

Cada vuelo, cada obra, cada acción, es un ladrillito en la construcción de la autoestima.

Sin hacer, no se conocen los propios límites, no se incorpora la experiencia, no se generan preguntas sobre cómo mejorar o cambiar. No se muestra lo que se puede conseguir, no se habilita la mirada constructiva.

Sin hacer, no se disfruta el estar haciendo.

Y gozar el hacer tiene que ver con la felicidad.

¡Hasta la próxima!

Andrea

 

 

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